domingo, 7 de diciembre de 2025

El Relicario; La fortaleza de la casa azul


          Odiaba los atascos, llegaría  tarde a su cita con Samuel, la noche anterior habían discutido y necesitaban hablar. No le apetecía nada darle más motivos para estar enfadados ni tampoco los quería ella.
Susana por fin llegó a su destino. Aparcó el coche enfrente de la cafetería donde seguramente ya la estaría esperando su novio.
Llevaba su ondulado cabello dorado recogido en la nuca con un gracioso pasador de madera.
Cruzó la calle a toda prisa y sin mirar,  entró en el local.
Lo vió, en la mesa situada al fondo, en el  rincón izquierdo junto a la ventana que daba a la calle. Él levantó la vista del periódico que estaba leyendo, cuando escuchó la campana de la puerta al abrirse.
-Hola- Casi sin aliento, Susana dejó su mochila colgada en el respaldo de la silla que estaba libre
-Hola- sonrió Samuel mientras se levantaba y se acercaba para darle un beso -¿Cómo estas?
Susana le devolvió un rápido beso y se sentó. Tomó aire para contarle a Samuel como se sentía.
-Hola chicos, ¿que os apetece?- La camarera apareció de la nada, antes de que Susana diera su respuesta, la empleada miró a uno y otro mientras sacaba del bolsillo de su delantal un bloc para tomar notas
Cuando la camarera se fué a por su pedido, los dos se quedaron unos segundos en silencio.
-Siento haberme enfadado anoche- empezó el chico cogiendo la mano de ella que jugueteaba con una servilleta de papel sobre la mesa.
Susana suspiró y levantó la vista para mirarlo a los ojos... Esos ojos enormes de color azul grisáceo, como un cielo de medio día anunciando tormenta.
-No pasa nada, estabas agobiado con tu trabajo y yo...- volvió a bajar la mirada.
-¡Pero es que sé que tienes razón!- Continuó el acercando un poco más su silla a la de ella -Debería haberte consultado antes de hablar con Martín, simplemente pensé que sería una buena oportunidad para que te conocieran un poco- Se encogió de hombros mientras seguía acariciandole la mano.
-Pero no deberías haberles entregado mi currículum- empezó ella -No sé hasta que punto es buena idea que trabajemos juntos Samuel, podría haberte acompañado a la celebración de Fin de Año, y después... a lo mejor...quien sabe-. Se encogió de hombros.
Samuel soltó su mano cuando la camarera llegó a la mesa, dejó los cafés y una porción de tarta de manzana para compartir.
-No quieres que trabajemos en la misma empresa- Se recostó sobre el respaldo de su asiento, no la miraba, daba golpecitos con un sobrecillo de azúcar sobre la mesa, -tampoco quieres que compartamos piso... llevamos mucho tiempo saliendo juntos y a veces siento que no te conozco Susana. -Su tono era muy bajo, casi un susurro, como si estuviera reflexionando consigo mismo en lugar de estar conversando con ella.
-Entiéndeme por favor, no me presiones ni saques otra vez el tema de la convivencia- Sus manos no podían estar quietas mientras hablaba, toqueteó  todo lo que se encontraba a su alcance sobre la mesa y al final jugueteó con la cucharilla del café mientras pensaba en cómo seguir su explicación. Desde que había empezado su relación con Samuel, no era la misma de antes, se daba cuenta de que él estaba anulando su personalidad. Pero le quería.



...A Susana le encantaba pasear en bici por esos caminitos de tierra que escondían secretos en cada piedra.

Ahora que se había quedado sola, pensaba vender el piso que sus padres fallecidos, le habian dejado en la ciudad y mudarse a ese pequeño  Pueblo, perdido entre el silencio de sus campos, donde se crió su madre.
Esa mañana, a punto de terminar el mes de Marzo, y acabada de empezar la primavera se encontraba sentada sobre una roca, con un libro en la mano, pero no pudo concentrarse, su mirada se perdió a lo lejos junto a sus recuerdos.
Cuando iba con sus padres al pueblo y alquilaban una pequeña casita para pasar sus vacaciones. Con nueve años ayudaba a su abuela a preparar galletas en la cocina. Su abuelita... La pobre, no llevaba nada bien que no se quedaran en su casa.
-No te entiendo Marta, de verdad, ¿por qué no os queréis quedar aquí conmigo? Sabes que me harías muy feliz, no os veo mas que dos veces al año, a veces ni siquiera eso...- Esa tarde estaban en el jardín, las dos recogiendo flores.
- Mamá, lo hemos hablado muchas veces, además venimos a verte cada día, comemos y cenamos contigo, pero no queremos romper tus costumbres, sabes que Manuel te adora, así que no pienses que es decisión suya, nunca lo ha sido.- Terminaron de recoger las flores y entraron en la cochera que su abuela usaba como almacén, tenía una enorme mesa de madera con muchos utensilios, lazos y adornos para crear sus ramilletes, que eran reconocidos en todo el pueblo. Susana las escuchaba hablar mientras se dedicaba a quitar hierbas, y después las acompañó al almacén.

Desde la ventana de la habitación que había alquilado, en la unica y
anticuada pensión dirigida por un agradable  matrimonio mayor, podía ver el bosque, con sus sombras bailando al son del viento.
Después de tres largos años, se daba cuenta de que su romance con Samuel estaba estancado, en punto muerto y muy a su pesar, no sabía que dirección tomar.
Tenía mucho en que pensar y sólo un fin de semana. Necesitaba desconectar de todo, y retomar el rumbo de su vida...


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